
Ya estoy aquí...
Me encuentro con Fernán en la sede de la ONU. Con su traje y su acreditación parece un señor. Abrazo, puesta al día y a comer. Él termina de trabajar a las cinco, así que le dejo las maletas y me voy a pasear.
Paso por la 43 y, a la altura del Chrysler, están rodando una película. 'Estoy en la capital del mundo moderno'.
Me meto en Bryan's Park, pido un café y me siento a leer en una silla de hierro forjado, envuelto por la bohemia del lugar. El sonido de los saxos, el murmullo constante de la ciudad rozando las hojas de los árboles, y el cansancio acumulado, me sumergen en un dulce letargo, meciéndome con la brisa que calma el agobiante calor. De repente, algo me distrae. Noto una presencia y oigo un “clic”. Miro a mi alrededor y encuentro a un joven de rasgos latinos sacándome una foto. Sonrío a modo de pregunta y el chico disimula apuntando con el objetivo en varias direcciones, hasta que al final saca otra foto que le sirve como excusa para marcharse distraídamente.
Voy a por Fernán y nos vamos a su casa a dejar las maletas. Después de una ducha que sienta como si fuera la primera en años, todo el cansancio viene de golpe, y me quedo dormido en el sofá. Sin saber si han pasado dos horas o dos días, despierto con la música de Cocorosie, y con los gritos de Fernán cantando a su manera orgullosamente desafinada Beautifoul Boyz. Me siento como en casa y soy consciente de que a partir de ahora, mi hogar estará en esos pequeños detalles.
Fernán saca un par de birras de la nevera y le sigo escaleras arriba. Entramos en la azotea, y al girar el muro, la vista de Manhattan me golpea en la retina. Detrás de los rascacielos, aún se ven los últimos tonos anaranjados del día, los edificios, negros por el contraluz, ya están llenos de puntos brillantes, luciérnagas de ciudad, y el río refleja el espectáculo como un espejo fragmentado. Todo un recital de belleza ostentosa. La primera imagen para el recuerdo de este viaje en el que, sin duda, habrá muchas más.
Nos apoyamos en la barandilla, abrimos las birras y nos encendemos un cigarro, en silencio, apurando cada calada y cada sorbo, que en esta situación saben especialmente bien. De vez en cuando cruzamos las miradas y sonreímos con incredulidad. Noto una sensación familiar en la boca del estómago, y supongo que es felicidad.
Vamos a cenar a Williamsbourg. En el camino hacia el metro, compruebo que éste es un barrio latino. Las banderas cubana, portorriqueña o dominicana cuelgan lacias de las ventanas, y en todas las escalinatas hay grupos de jóvenes y niños escuchando música, ataviados con toda la gama posible de camisetas de equipos de basket un par de tallas por encima de la adecuada, con gorras en todas las posiciones imaginables, con iconos dorados colgando de sus cuellos en alardes de falsa opulencia.
Nos reunimos en un bar con una amiga de Fernán y dos amigos míos que casualmente están aquí de luna de miel. Me pesan los párpados, pero tiro de ilusión.
De vuelta a casa, antes de acostarme, abro mi Moleskine y comienzo a escribir una crónica que en ese momento no soy consciente de hasta qué punto se va a convertir en mi compañera: Con un mensaje de móvil desde el aeropuerto y los ojos mojados comienza a hacerse esta historia. Una última mirada hacia atrás... ahí dejo todo, lo bueno y lo malo, lo que me ha movido a dar este paso. Dejo la sensación de estar viviendo una vida que no es la que me toca, la sensación de estar haciéndome cada vez más pequeño. Dejo a mi familia, me despido de ellos donde menos me habría gustado e imaginado hacerlo. Todos en torno a mi padre entubado en una cama... a los fuertes es a los que más jode ver quebrarse. ¡Que despedida más dura!
Otros artículos de esta serie:
- Una última mirada atrás
- Luciérnagas de ciudad. (This post)
- Dos Américas
- La gota dorada
- Fantasmas renacidos
- La lluvia en los tejados de cinc
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10 Comentarios
…me parece de ser allì!
Como en Cyrano, tu espada es la pluma. Qué maestro estás hecho!!
ya me muero por leerme el siguiente capítulo!!
que grande!
Ese Manu Pacheco, estoy disfrutando tu diario de viaje…
No se por que me recuerda cuando ibamos en el autobus por Italia hace miles de anyos…
Ni gótico ni albino. Tú lo que eres es un artista…!!! Qué suerte poder encontrar relatos como los tuyos. Es como acompañarte en el viaje mientras lees. Un besote; aquí estaremos… esperando la última entrega.
lo has mejorado bastante, sigue adelante esto es algo mas de lo que te sale muy bien, ARTISTA
olé, olé, y olé
te voy sorber con ansia la sustancia de entre las uñas de los pies y los propios dedos en cuanto te vea
..que bueno..eso de que tus ojos van en la mochila….me inmagino la cara que pusiste…esta muy fresco tu relato un besote!!!
SENTISTES EMOCIONES VIVIDAS POR TODO AQUEL QUE EMIGRA A UN PAIS DESCONICIDO…SIN SABER CUANTO TE MARCA EL ALMA ES VIAJE….!!CON TANTO MALOS MOMENTOS..PERO BUENO TAMBIEN DONDE COMIENZAS A VER LA VIDA DESDE OTRA OPTICA ,Y DONDE TE CUESTIONAS MUCHAS COSAS!!!
..ME SORPRENDE TU CAPACIDAD PARA ESCRIBIR ..ERES UN ARTISTA NATO!!!
UN BESOTE