Si has contestado sí a algunas de las siguientes preguntas es verdad: eres un artefóbico. No lo niegues, no huyas de ello. Creéme, también para mí es doloroso.
Yo no he elegido ser artefóbica. Yo quería seguir a acumulando bonos de la filmoteca, descuentos en la fnac, pases a los festivales de electrónica… Yo quería seguir pensando en ideas a realizar, conociendo gente y haciendo contactos, observando con desprecio a el otro resto de la población que dedica su vida y su tiempo a esa muerte llamada: normalidad, yo quería seguir acudiendo a cenas bohemias, cogiendo borracheras bohemias, y haciendo orgías bohemias en los cuartos de baños sucios de los bares más bohemios de la ciudad. Pero ahora no puedo. Y me deprime. Yo había planeado toda mi vida para ser una artista incomprendida. Una artista de esas que se quejan de las instituciones y sufren mucho, muchísimo porque son mentes demasiado sensibles como para trabajar en cualquier cosa y acaban muriendo de sobredosis o de una enfermedad venérea. Y ahora no tengo plan. Por eso. Por eso me deprimí tanto todo el otro día. No sabía literalmente que hacer con el resto de mi vida ahora que el arte me estaba contraindicado y que había dejado de creer en Bjork y el resto del santoral postmoderno.
Muy triste, muy compungida, muy atacada y al ser incapaz de desempolvar si quiera un mísero melodrama de Douglas Shirk, llamé a mi amigo Rubén. Mi amigo Rubén, por supuesto ese no es su verdadero nombre, es parcialmente artefóbico. Digo parcialmente porque vive en Berlín y bien sabido es que Berlin es la ciudad más moderna-artística y bohemia de las ruinas europeas. A pesar de eso, mi amigo Rubén presume de que cuando se proyecta alguno de sus cortos, él en vez de quedarse entre el público sale de la sala y se va a beber vino al bar de enfrente. Esto podría ser un rasgo artefóbico aunque pensándolo bien ¿no entiendo por que entonces no deja simplemente de hacer cortos y/o proyectarlos para todo el mundo? En cualquier caso es uno de mis mejores amigos y tiene una casa preciosa. No seré yo quien ponga en duda su verdadero autodio artístico. Así que le llamé y entonces él me dio la solución a mi problema: Frivoliza
-¿Cómo? ¿Perdona?
-Eso, que frivolices, que no te tomes tan en serio a ti misma ni a tu entorno ni a nadie, que seas frívola que es lo mejor que sabes hacer.
- ¿Te parece que yo me tomo algo en serio?
-Sí, eres demasiado intensa, todo te hace daño porque eres demasiado intensa: FRIVOLIZA simplemente.
-¿Sobre qué?
-Sobre todo, todo se puede frivolizar empaquetar, bienvenida al mundo global, todo es homogéneo, intercambiable, vendible de múltiples maneras con múltiples estrategias comerciales. Juega tu papel en ese mundo y así encontrarás tu sitio y controlarás las nauseas.
Dicho y hecho. Colgué y me miré al espejo, evidentemente era una nueva yo: reinventarse o morir. Estaba dispuesta a seguir adelante y a asumir mi nueva condición de artefóbica silenciosa frívola y pluriempleada. Estaba dispuesta a desentrañar al mundo los mecanismos oscuros y las perversiones mentales de esta, mi adormecida generación. Y quizás algún día ganar el Pulitzer, recibir una subvención o las alabanzas de alguna autoridad en la materia. Aunque es mejor no soñar demasiado con estas cosas, ya se sabe lo que pasa con los verdaderos artistas: el sistema, que está corrupto, no los quiere.
TO BE CONTINUED ….
Otros artículos de esta serie:
- Artefóbicos (This post)
- ¿Crear o descongelar albóndigas?

Un Comentario
Me encantó. No me he “dedicado” al arte, pero padecemos de la misma enfermedad… Besos