¿Crear o descongelar albóndigas?

Artistas con corazónEn el episodio anterior desnudaba mi alma, me armaba de valor, me sinceraba con el mundo para confesar una dolencia que no le deseo ni al más ingrato de los mortales:

Soy artefóbica. Hoy me enfrento a esta nueva situación cuál analista en su diván y analizo las posibles causas que me han llevado al estado actual de ansiedad. Mi situación trasciende lo anecdótico. Así que nos remontaremos unos meses atrás, haremos un flashback como en el cine. Un día cualquiera leí en el periódico que en un país de la Unión Europea se requerían ingenieros aeronáuticos y me pregunté ¿Por qué hay tanto artista en el mundo y tan pocos ingenieros aeronáuticos?

Diréis que es una pregunta tonta pero yo llevo conociendo artistas desde hace seis años y es que no se acaban nunca. Y o bien todos los artistas que hay en el mundo están en mi barrio o el porcentaje de artistas a nivel mundial debe ser el no va más en profesiones con demanda. Y fui tirando del hilo. Por ejemplo ¿Cómo es posible que desde todas las carreras de letras de España puedas acceder directamente al segundo grado de comunicación audiovisual y desde comunicación audiovisual no puedas acceder al segundo grado ni de un cursillo de macramé?

Todas estas cosas me hicieron sospechas. Es que en realidad yo sospecho mucho, vamos que me paso la vida sospechando cosas. No puede ser que en el mundo haya tantos artistas ¿No será que el arte ha perdido su significado, se ha gastado, se ha convertido en un sinónimo en un símbolo de cierto status social? Como ocurrió en su día con la palabra auténtico. Un día alguien decidió que decir que su cuñado era un tipo muy auténtico, sonaba bien, desde entonces miles de cuñados en el mundo empezaron a utilizar esa expresión. El uso de la palabra auténtico como adjetivo positivo se fue expandiendo de boca en boca hasta que llegó el fatídico día en el que alguien dijo: mi vecina es muy auténtica. Y no surtió ningún efecto. No significaba nada. Todo el mundo era susceptible de convertirse en la tía auténtica, el hermano auténtico, la madre auténtica, el alumno auténtico, la amante auténtica y la auténtica gilipollas. Si todo el mundo es auténtico. Auténtico no existe. La palabra auténtico murió ese día.

A mi me preocupa mucho el tema de la muerte de las palabras e incluso he pensado en montar una ONG para salvarlas, como a las monjas y a las ballenas que también están en peligro de extinción Pero de momento es solo un proyecto porque mi condición artefóbica me absorbe toda la energía.

¿El arte salva vidas? ¿Construye carreteras? ¿ Gana guerras? ¿Soluciona el problema de hambre en el mundo? ¿ Pone remedio a las colas del INEM? NO. Pero nos da estatus. Ser artista eleva al individuo en cuestión a la categoría de persona con excusa para todo, un artista no puede dedicarse a intentar cambiar el mundo porque entonces no tiene tiempo para crear, un artista no puede tener una casa limpia porque entonces no es bohemio, un artista no puede dejar de beber porque es de la llama punzante de la destrucción de dónde emana su genio, un artista no puede intervenir, actuar, modificar o resolver, un artista piensa, siente, sufre y expresa. Es decir su mera condición de artista le lleva al estado de apatía contemplativa sin poder ser directamente acusado de vago. Todo un chollo.

Casi todos los artistas que conozco se pasan más tiempo hablando de su obra que haciéndola, de hecho hablan de ella cuando aun no la han empezado, te cuentan la idea . LA GRAN IDEA. Hablan de ella mientras la están haciendo, si es que han decidido reunir las fuerzas necesarias para llevarla a cabo, y por último cuando por fin la han terminado se pasan los siguientes seis meses hablando sobre su significado y estableciendo relaciones entre la obra en cuestión y la etapa vital que están atravesando. Es decir que un cuadrito de 20x20 cm , un negativo semi-velado, o diez segundos de superocho magullado tienen una rentabilidad que ríete tu de 5% TAE.

De todas esas cosas me empecé a dar cuenta silenciosamente, sin decirle nada a nadie, observando actitudes, gestos situaciones codificadas. Dejé El proceso de Kafka a la mitad ¿Alguien sabe por que nos empeñamos en acabarnos libros que no nos gustan?
Y me dediqué a mi segunda gran pasión en la vida : descongelar albóndigas,

Un día sin comerlo ni beberlo, empecé a hallar más armonía en el cosmos de mi nevera que en el mundo de la creatividad: los tuppers ordenados con sus etiquetitas y sus notas escritas a Boli bic: “Menestra de verduras” “Pure de lentejas”, las botellas dispuestas de forma vertical en el lado de la puerta, los yogures colocados unos sobre otros otros sobre unos formando castillos de bifidus activo…Y las albóndigas en el congelador férreas como estatuas de mármol silenciosas esperando que una mano cruel las haga descender al infierno, es decir: al microondas.

¿Quiero decir con esto que el arte ha muerto? No. ¿Quiero preguntar adivinar, acotar, estudiar que és arte y que no lo es? No. Simplemente quiero lanzar una pregunta global e impúdica a todos los artistas de este mundo ¿Para qué sirve el arte?

Si sí yo no voy a callarme, os increpo, os pregunto, os ruego que me contestéis quizás si lo hacéis correctamente aun haya esperanza para esta artefóbica desconsolada: ¿Para qué demonios sirve el arte? El que responda con ingenio y convicción a esta pregunta recibirá en su casa por correo certificado y sin pagar gastos de envío un delicioso Tupper de albondigas caseras. Y no permito que se me ponga en duda. Yo, para temas de albóndigas, siempre he sido muy auténtica.

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Un comentario

  1. virtudes
    6 Septiembre 2009 (06:25) #

    uff, mierda nos han pillado, ¡chicos dejad los pinceles y haced como que cambiais el mundo!.

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