Daniel Balavoine: el político y el artista

Daniel Balavoine

Hoy es 14 de julio. Adolezco de una leve francofilia que me ha llevado a descubrir algunas cosas, y, cuando estas son buenas, me lleva a rendirle pequeños tributos, a veces desde un Ipod, ahora desde este espacio blogosférico. Como por ejemplo a Balavoine, un cantante popular de los ochentas poco conocido fuera de las fronteras del hexágono (quizá no tanto como el gran Gainsbourg, el motivador Goldman, o el trilladísimo Cabrel), pero muy querido dentro de él. Pues lo llegué a conocer durante un reciente viaje a París que me permitió profundizar en más música pop de aquellos años, sensiblemente gracias a RTL.fr y al buen gusto de Jerome, el novio de la amiga a la que fui a visitar, que tenía algunos vinilos del hijo de Alencon.

Luego Google y la curiosidad ayudaron a conocer aún más aquello que va más allá (o que refleja el espíritu) del puño bien cerrado (y deliciosamente agresivo) de Daniel Balavoine, el puño de lucha de un artista que quiso ser político y que, asqueado como muchos, se decantó por una carrera musical sin abandonar un esprit d'engagement quizás sesenta-y-ochero (me inventé este término), hasta convertirse en el llamado "chanteur de la tendresse et de la colère". Al empezar a conocer este perfil (sobre el cual no es demasiado lo que voy a decir aquí), resulta una tentación muy grande querer hacer una comparación con otro artista, ya de impacto mundial (Bono), pero (y esta es una opinión personalísima que puede chocar con la respetable legión de adoradores de U2), el irlandés deja traslucir mucho más su pose (Balavoine la tiene, reconozcámoslo, pero parece más auténtico, más contundente y coherente, más hábil para jugar, desde lo ético y desde lo estético, con fronteras complicadas). Los francófonos tendrán ventaja y entenderán la valiente discusión que mantuvo con Mitterand en 1981, poco después de que este presidente (también) socialista fuera elegido. Y los no francófonos que hagan el esfuerzo, simplemente la sentirán, y sentirán los rugidos del valor y de la capacidad de indignación verdadera, todo al pinchar aquí. Después dedicaría lindas canciones como L'Azziza a su esposa marroquí, tema que le hizo ganar, en 1985, un premio de SOS Racisme. Pero al año siguiente, la fatalidad lo cogió de sorpresa, cuando el helicóptero en el que participaba en el Paris Dakar se precipitó a tierra en Mali, apagando la voz de un torbellino de vida en una muerte no exenta de sospechas (como la de Coluche, de la que nos ocuparemos en algún futuro post). La ternura del intenso y directo "chanteur", el desorden de sus bucles castaños, y un profundo compromiso social (que lo llevaría, como Bono, hasta la cooperación al desarrollo), quedarían para siempre en la memoria de los hijos de una patria complicada e intensamente multicolor como Francia, en las fronteras difusas entre el artista y el político (que en Bono no llego a comprender pero que en el rabioso Balavoine, posiblemente, queden muy bien, más allá de nuestras convicciones políticas). Combinar arte y política con habilidad, es, verdaderamente, un arte. Es pilotar con éxito el helicóptero de la ilusión del cambio, impulso presente en ambas disciplinas. ¿Lo habrá logrado?.

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2 comentarios

  1. Céline
    17 Julio 2009 (12:16) #

    Hola ,

    Soy francesa y una incondicional de Balavoine desde 1980. Tuvé la suerte de verle 2 veces en sus conciertos.

    Gracias por este articulo pero queria precisar algo :Balavoine no participaba en el Paris-Dakar en 1986 ; habia venido a instalar pozos en Mali.
    Erá amigo de thierry Sabine el organizador del Rally, el le propusó una vuelta en helicoptero y no volvieron…

  2. Triviality
    18 Julio 2009 (10:09) #

    Gracias por la aclaración, Céline … Qué suerte haber estado presente en alguno de sus conciertos, aunque la fantasía y la ilusión me permiten imaginar la energía que transmitía en ellos…

    besos
    TR

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