La concepción que nuestros antepasados tenían del cosmos

mundo-de-herodotoEn la sequía veraniega, donde lo único que nos saca del aletargamiento son los casos de incendio y de presunta corrupción, amén de los salvajes asesinatos de ETA, acaba de saltar a la prensa un descubrimiento en una cueva paleolítica de un detallado croquis paisajistico sobre piedra que ya fue publicado el pasado día 21 de julio en la revista científica Journal of Human Evolution. Un caso similar sólo lo había en Moravia, éste grabado sobre un hueso animal.

En realidad este descubrimiento, cuyo mérito es de un grupo de arqueólogos de la Universidad de Zaragoza, al frente P. Utrilla, se produjo hace tres lustros pero hasta ahora no se habían hecho públicas las conclusiones. Lo que lleva a recordar al lector que la arqueología es una ciencia cuyos resultados no son inmediatos, muy al contrario precisa de largos períodos de investigación de campo y de documentación, una gran dosis de paciencia, reflexión y discusión, hasta que se puede llegar a emitir un sólido informe científico y proceder a divulgarlo. Otro cantar es el mundo de Indiana Jones.

La cueva de Abauntz es como otras. Tiene un encanto especial para los espeleólogos y su propio mito vinculado a seres femeninos asociados la naturaleza. Se cuenta que allí moraban las lamias, brujas, ninfas, meigas, hadas, como se les quiera llamar, que recibían diariamente la leche que les proporcionaban los pastores, pero cierto día uno de ellos tuvo la osadía de mezclar este precioso alimento con excremento de vaca. La ira desatada entre estas mujeres hizo que sus conjuros recayeran en el osado y su familia, en la que a partir de entonces eran frecuentes los casos de cojera. Pero al margen de mitos y leyendas, lo que es una realidad es que la cueva navarra fue lugar de ocupación de comunidades desde el Paleolítico Superior hasta la época romana, y ahora noticia estival porque algunos de los bloques de piedra caliza que los arqueólogos sacaron a la luz en los años ’90 muestran unos complejos grabados arañados.

Los investigadores barajan la hipótesis de que estos dibujos representases en forma de croquis el paisaje del entorno de la caverna: la montaña de San Gregorio, frente a ella, el río, sus afluentes y la parte llana, en la que diversos círculos podrían simbolizar zonas de agua encharcada en invierno, además de la fauna del lugar.

En esta especie de plano, de cerca de 14.000 años de antigüedad, no hay datos toponímicos porque la escritura no estaba aún ni en proyecto. El sistema de signos para comunicarnos nació mucho después, en el cuarto milenio a.C. en lo que hoy es Irak, y fue una revolución mayor que la aparición de Internet. Recordamos de paso que muchas de las tablillas cuneiformes que confirman que este país fue «cuna de nuestra civilización y escritura» fueron destruidas durante el salvaje saqueo al Museo Nacional de Irak en 2003.

mapa-soletoAl igual que ahora, lo que sorprendió a la comunidad científica hace siete años fue el hallazgo de un verdadero mapa, de la segunda mitad del siglo V a.C., hecho a base de incisiones sobre un pedacito (apenas medio dedo de longitud) de cerámica griega. Por el lugar de su descubrimiento, en la localidad pugliense de Soleto, muy cerca de Lecce (el tacón de la bota italiana), el profesor belga Van Compernolle, le dio el nombre de «La mappa di Soleto». El hallazgo dio lugar a la celebración de un coloquio internacional en Montpellier y una publicación en el año 2005 que reunió a cabezas pensantes de diferentes universidades, con el fin de presentar e interpretar este excepcional documento epigráfico.

El mapa de Soleto dibuja el contorno costero de la península salentina, la referencia a los cursos de agua y el emplazamiento de las ciudades fijado por un punto, tal como hoy lo hacemos. Trece son los topónimos mencionados, escritos con letras griegas, en lengua griega y mesápica. Es decir, que hay un único vehículo de expresión : el alfabeto griego, y dos lenguas : la griega y la propia de la zona, el mesápico (como hoy diríamos el castellano y las lenguas vasca, gallega, catalana, etc). Lo curioso es la disposición topográfica exacta de los lugares, que permite identificar ciudades actuales, como Tarento (Taras que se puede leer en griego en la izquierda de la figura), Otrante, Ugento…, u otros nombres griegos que conocemos por otras fuentes, pues el dialecto local no se ha conservado.

Es difícil para nosotros conocer la estructura mental en el que se insertaría el croquis de Abauntz y si fue casual o era algo habitual en el comportamiento de los contemporáneos paleolíticos. En el caso de la carta geográfica de Soleto, en pleno siglo de apogeo de la cultura griega y de la Magna Grecia, podría encuadrarse en un género o tradición de los griegos por las descripciones escritas o verbales, a las que ciertamente eran aficionados, mucho más que a los verdaderos documentos cartográficos. Lo que justificaría el que estos mapas sean extraordinariamente escasos, y por ello la relevancia de este hallazgo en tierra italiana, antes griega y por eso se le llamó Magna Grecia. mapa-abauntzLos auténticos « periplos » (recorridos en barco) o mapas de los que hay noticia nacieron en Italia y Grecia, un ejemplo es  la Ora marítima de Avieno, escrita en verso en el siglo IV a.C., basada en textos de dos siglos anteriores (como la Periegesis de Hecateo), que era un recorrido descriptivo de las costas (0rae) hispanas. La descripción literaria de Avieno es considerada por tanto el «mapa más antiguo» de la Hispania prerromana pues con sus datos se ha podido elaborar un croquis bastante fiel de los lugares y costas de nuestro país por aquel entonces. Pero el primero en diseñar cartas geográficas o mapas fue Heródoto, contemporáneo de Pericles, el gran estratega griego del siglo V a.C. Algunas de estas cartas son bastante fidedignas y constituyen la base de estudios de gran envergadura para el conocimiento de las poblaciones antiguas.

Sin desmerecer el hallazgo de la cueva navarra, no cabe duda de que el mapa dibujado más antiguo de Occidente es el de Soleto, en Lecce, y de Oriente un mapa del siglo VIII a. C. que representa el mundo mesopotámico, grabado sobre una tablilla de arcilla junto a una inscripción en cuneiforme. Esta tablilla fue posible contemplarla en la reciente a exposición Babylon. Mith and reality, en el Museo Británico. Constituyen ambos excelentes muestras de la concepción del cosmos que  tenían nuestros antepasados.

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