Cartulinas

paracartulinasLa tranquilidad es una chica a la que he estado intentando ligar durante muchos años. Aunque poco a poco va cayendo (voy superando mis dificultades para la seducción, en tardía operación salida de la adolescencia), se resiste a los encantos que digo tener. Como dicen en el Perú, “es una estrecha”. Pero va cayendo, y va cayendo. Las pociones mágicas surten efecto de vez en cuando.

Pero no surtieron efecto cuando a Carolina, amiga mía peruana, dedicada al diseño, le dije algunas cosas producto de mi rabia, frente a discusiones que no merece la pena comentar en este espacio de paz y amor, como lo es Fragilístico. Aunque sí resumir: me voy de aquí pronto y no me das tiempo, y cuando trabajas eres otra persona. Más absorbente ni un Tampax ultra. Reclamos míos, niñerías victimistas. Peleas tontas de amigas. Peleas tontas, que pasaron cuando fumamos la pipa de la paz, el viernes pasado, en el que me regaló una entrañable caminata por Miraflores, bordeando el mar, en la que fuimos dos vagabundas de un fenomenal dharma.

Así, cuando discutimos, desde mi pedestal de señoría cuasi doctoral (al que me tengo que subir por razones kármicas en las que tampoco pienso abundar en este espacio), instrumento que utilizo cuando Lady Tranquility me dice que no quiere bailar una pieza conmigo, le dije que ella iba de ejecutiva proactiva, cuando lo que en realidad hacía era recortar “cartulinas” y hacer manualidades sin importancia. Porque cuando Lady Tranquility me pega la cachetada, la mordacidad me invade y digo, de manera “pensada”, cosas que, realmente, no pienso. Como si un médico especialista en fertilizaciones viviera dándole patadas en los órganos reproductivos de la gente, quizás para generarse trabajo. Porque bomberos pirómanos hay en todos lados.

Y, mientras caminábamos, mirábamos el espacio público de una Lima que pretende levantar cabeza. Se nos ocurrió reflexionar sobre la importancia del diseño, como parte de la estética, que enriquece el espíritu. “¿Cómo no deprimirse con eso?”, le comenté. “Cartulinas, ¿no?”, me dijo, con una dulce ironía dentro de su suave estilo, mezclando la expresión de haberle dolido mi comentario con ánimo de reconciliación. “Perdóname, cuando estoy molesta pienso en decir cosas que no pienso. Estoy convencida de que tu trabajo es importante”. En efecto y en esencia, convencidísima. No siempre somos absolutamente conscientes de los detalles de un trazo, de una publicidad bien hecha, de la disposición de la iluminación en las calles. Nos importan tres pepinos los colores. En países en vías de desarrollo, quienes deciden sobre la cosa pública tienen a la estética como punto número cien, con suerte, en su orden de prioridades, siendo primordial el empuje de iniciativas jóvenes y de las necesidades que cierta (y sana) empresa privada busca posicionar. Lima es una ciudad caótica, un modelo para armar, y dentro de todo ese contexto, es una ciudad que se presta para cambios, que te proporciona una frase: “sí, hay mucho por hacer”. Y en determinados restaurantes, o lugares públicos, el “diseño” va cundiendo, el amor por la estética se muestra y la suciedad y onda gris de la ciudad se difumina, dando paso a islas de color dentro de tanto moho. En la política las cartas están echadas. En el diseño, imaginando construyes y cambias. Es un escenario ideal para transmitir sensaciones, generarlas, y, a través de ello, transformar el ejercicio del poder. Me atrevo a decir que hay un interés público en pro del diseño, de la disposición de colores, en suma, de la armonía, que construye ciudadanía. El diseño como forma de participación política. Indirecto el efecto, pero real. Una carrera emergente, como lo ha sido, por ejemplo, hace algunos años, la de los Chefs, en un país donde se come demasiado bien (pero eso será parte de un próximo post “culinario”).

Lo esencial es invisible a los ojos, mola poder abrirlos y ser capaces de verlo. Lady Tranquility caerá en mis brazos, eternamente, cuando en mi propio espacio diseñe mi casa, mi hangar, mi torre de lanzamiento (parafraseando a Cerati, rockero argentino). Cuando me saque las cartulinas de los ojos, ¿podré volar?.

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3 comentarios

  1. Carmen
    22 Septiembre 2009 (04:14) #

    Volarás.

  2. Triviality
    23 Septiembre 2009 (02:38) #

    Gracias… totales :)

  3. 27 Septiembre 2009 (09:46) #

    Cómo decían los Gipsy Kings, no? :-)

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