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La guerra del copyright
Es como la guerra del fuego o la lucha de clases, hay dos bandos, uno el término dominante: las discográficas, las industrias del software y las empresas de videojuegos y sus siervos: autores en general bien alimentados, representados por asociaciones de autores, que a lo Elliot Ness se dedican a gestionar ordenes de allanamiento de discos duros de "mafiosos" de la p2p.
Como término dominado, pero peleando y peleando, los homo-digitalus: devoradores de objetos binarios pero que aparentan ser música, libros o películas; algunos autores que han desertado del bando contrario y fabricantes de hardware que ven perdida parte de sus beneficios en manos de los intangibles programas.
Del lado de los monárquicos, están los hombres más ricos del mundo, los que residen en mansiones y viven a tope; del otro lado mileuristas, vagos, programadores, en fin el pueblo.
Hay una guerra, con batallas ganadas a veces por los que creen en la propiedad privada de la creación intelectual y otras por los que piensan que este si bien un derecho personal, no es una propiedad absoluta, que debe estar subordinado al bien comun, a lo social.
Como en toda confrontación, hay una lucha ideológica, tal vez lo más importante, son las razones que da cada bando a su codicia, el termino viejo de la unidad de contrarios: los que sostienen el copyright a rajatablas, no están dispuesto a perder sus yates, mansiones, de dejar de estar entre los más ricos del mundo, pero esas no son razones para defender algo, entonces enmascaran su lucha en la defensa de sus siervos: los autores, aunque en el fondo los desprecian y no los quieren ni ver cerca.
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