Esta sencilla receta es fenomenal para que nuestros "antivegetarian children" coman judías verdes y tomates frescos sin que suponga un calvario para ellos y para nosotros. Se encuentra en la Enciclopedia Culinaria de María Mestayer de Echagüe (Marquesa de Parabere) publicada en el año 1940 por Espasa Calpe, y titulada como "Ensalada a la Inglesa".
Las judías verdes y los tomates no aportan casi calorías lo que los hace ingredientes ideales para mantener una dieta equilibrada. Ambos vegetales tienen una buena cantidad de vitamina C, gran ayuda para el sistema inmunológico, y de Vitamina A ó beta-caroteno, excelente antioxidante natural, y no tan caro como las súper cremas faciales.
Como todos sabemos el beta-caroteno es un pigmento natural que da color amarillo, rojo ó anaranjado a los vegetales. ¿Entonces como es que las judías son verdes? ¡Ah, amigo! porque se disfrazan bajo el manto de la clorofila, curioso ¿no?
Y ahora empecemos:
Ingredientes para 6 personas
- 750 gramos de judías verdes frescas
- 750 gramos de tomates frescos y no muy maduros
- 50 gramos de aceite de oliva
- una ó dos cucharadas de vinagre
- 2 cucharadas de salsa Perrins
- sal y pimienta
Preparación
Quitamos, con un pelador, las hebras a las judías y las vamos cortando por la mitad. Una vez hayamos terminado las ponemos a cocer en abundante agua hirviendo con sal hasta que estén tiernas (sacamos una, con cuidado, y lo verificamos). Debemos cocerlas deprisa y destapadas para que mantengan el color. Una vez estén las escurrimos y reservamos.
Ahora viene la gaita de pelar los tomates. En seco desastroso, así que usaremos el viejo truco del escaldado. Cogemos los tomates y por la parte de arriba les hacemos un corte en forma de cruz en la piel. Ponemos a hervir agua y, cuando salgan borbotones, metemos los tomates y los dejamos dos minutos. En seguida los refrescamos bajo el chorro del agua fría y ya están listos para pelar. Cuando estén fríos los cortamos en rodajas finas y los ponemos en un colador para que escurran el exceso de agua.
Mientras tanto, en una ensaladera ponemos el aceite, el vinagre, la salsa Perrins y lo batimos para que quede bien ligado. Añadimos las judías y los tomates, lo removemos, y lo dejamos macerar una hora.
Una vez pasada esta última, sólo queda servirla en la mesa y ¡a comer!
Lo de "desaliñada" proviene de la siguiente anécdota:
Una "mozalbeta" de nueve años, acostumbrada a la típica ensalada de lechuga y tomate aliñada con aceite, vinagre y sal, preguntó a su "criada":
- Mozalbeta: ¿Que hay para comer?
- Criada: Ensalada
- Llegada la ensalada a la mesa, y servida en su plato, la mira sorprendida y pregunta:
- M: ¿Y el aceite, el vinagre y la sal?
- C: No le hace falta a esta ensalada.
- M: Pues vaya una m..... de ensalada desaliñada!




















6 comentarios
Buenísima! Se le podría añadir cebolla? Un saludo y felicidades por tus recetas!! Soy Fan!!
L a veo refrescante para estos dias y válida para las
gorditas como yo.
Hombre, Federico, la cebolla le va a dar un poco de amargor, pero todo es cuestión de probar. Hazlo y me cuentas.
Isabel, esto vale para gorditos y flacos……………….lo importante es que la pruebes y te guste.
La ironía inglesa al servicio de la alimentación. ¿Será convincente y eficaz?. La respuesta la tendrán los antivegetarian children (los verdaderos y los atrapados en cuerpos de grandes). Muy buena.
Hola Triviality, te aseguro por experiencia que sale muy rica. Y la anécdota es real.